viernes, 22 de agosto de 2014

Despertar

Cuando desperté sentí una brisa fría que me acariciaba el rostro. Miré a los lados para ver de dónde provenía. Me encontraba en una habitación blanca y con apenas mobiliario, un armario gris a la izquierda y un par de sillas a la derecha de mi cama y más atrás, una ventana abierta.

Me levanto y me dirijo hasta ella con debilidad, veo caer unos finos copos de nieve en aquel día tan gris. Y no sólo de forma meteorológica, sino también para mí, aquel día era completamente gris. Paso la mano con cuidado por mi vientre hasta topar con una gasa que me cubre una parte. Vuelvo a la cama con debilidad, me duele cada paso que doy.

Antes de nada me quedo mirando un hermoso ramo de rosas que hay en la mesilla, pero no son bellas, para mí, estaba llenas de amargura y traición o como me gusta llamarlas, las rosas del perdón. Acaricio mi vientre, plano totalmente y me vuelvo a preguntar, como es posible que ocurriera todo aquello. Mi esposo, el hombre al que tanto amaba, el cual me conquistó con una mirada serena y una sonrisa amable y me saco de las oscuras y frías calles de la ciudad subterránea hasta arroparme con su capa y callarme con un suave beso.

Ese hombre, a veces considerado como MI hombre, que ya no era para nada o casi nada, que tanto daño me había causado y tantas lágrimas me había hecho derramar. Unos brazos me rodean por detrás y unos labios se posan en mi cuello- Que bien que despertaste Levi -dice de manera serena.

Alzo la mirada hasta él, aquellos ojos que solían ser cálidos como un día de verano, ahora me miraban de manera fría y tormentosa. Clava la mirada en mi vientre y lo toca con la yema de los dedos- podemos tener más, no te preocupes -toma mi mentón a la fuerza, haciendo que le mire y deposita un beso, al principio suave y luego intentando profundizar usando su lengua, lo que yo me niego por completo y le empujo con la poca fuerza que tengo para apartarlo.

-          No, déjame en paz Erwin –le digo seriamente y me vuelvo a recostar en la cama


-          ¿Quién te crees que te está pagando todo esto para que te mejores? –me susurra al oído y se sienta en la silla que hay al lado- Deberías ser más considerado conmigo, si yo quiero más hijos, obviamente así será.